Voluntariado en el Centro Psicosocial Mahotas, Mozambique.

He estado de Voluntaria en el Centro Psicosocial Mahotas situado en un barrio periférico de La ciudad de Maputo en Mozambique.

Esta experiencia de voluntariado me ha aportado muchos y diversos aprendizajes. Unos de los más importantes ha sido, aprender que cuando hay excelencia profesional, amor en lo que se hace y ganas, el trabajo sale y los recursos, aunque siempre son necesarios, pasan a un segundo plano. No quien más tiene hace mejor su trabajo, sino quien lo hace con más amor y dedicación.

En el centro de día infantil, acudían diariamente unos 20-25 niños y niñas con distintos tipos de discapacidad: síndrome down, PCI, microcefalia, hidrocefalia, retrasos cognitivos y madurativos, etc..

Trabajan 4 educadoras (colaboradoras) que se encargan de atender a los niños en tareas asistenciales, pero también de desarrollar el programa educativo y de realizar las tareas de limpieza. También teníamos contacto diario con la Directora del Centro, Irma Filippina, y con los profesionales que iban de voluntarios o a trabajar sólo días puntuales: enfermera, médico psiquiatra, psicóloga, fisioterapeuta, etc..

Tengo que decir que me he sentido siempre y en todo momento, apoyada y bien acogida por todas las personas que componen el equipo profesional del centro. Considero que son muy buenos profesionales y que realizan una labor excelente a pesar de no contar siempre con los recursos suficientes.

Esta experiencia de voluntariado me ha aportado muchos y diversos aprendizajes. Unos de los Más importantes ha sido, aprender que cuando hay excelencia profesional, amor en lo que se hace y ganas, el trabajo sale y los recursos, aunque siempre son necesarios, pasan a un segundo plano. No quien más tiene hace mejor su trabajo, sino quien lo hace con más amor y dedicación.

Algo que me ha hecho reflexionar también, es que en nuestros contextos a veces no tenemos tiempo para dedicarlo solo a escuchar a las personas y eso es algo que da valor humano al trabajo.

Estas experiencias ayudan también a valorar todo lo que tenemos, lo material, pero también lo humano y profesional. Somos afortunados simplemente por haber nacido dónde lo hemos hecho, pero a veces no somos conscientes de ello.

Una de las cosas más bonitas y satisfactorias que me llevo de mi experiencia en Maputo, ha sido el contacto con la gente. Los pocos prejuicios o miedos que pudiera llevar, se desvanecieron casi inmediatamente. He podido también conocer una nueva cultura, un país lleno de paisajes paradisíacos y un pueblo abierto y amable que merece la pena conocer.

La realidad vivida durante este voluntariado ha superado con creces mis expectativas. Conocía en parte el centro al que iba, gracias a toda la información aportada por la Fundación Benito Menni.

Me sorprendió, en un principio, el lugar donde está ubicado el centro. Se trata de un barrio periférico de la ciudad de Maputo. La primera impresión y el primer golpe de vista, es bastante impactante e incluso duro, pero esta sensación desaparece al poco tiempo gracias a la amabilidad de las hermanas, los y las trabajadoras y de los mozambiqueños en general.

Mis actividades las he desarrollado, sobre todo, en el centro de día de atención a los niños más pequeños. Mi aportación en el centro psicosocial ha sido la de colaborar en todas la tareas en las que se me solicitaba. Irma Filippina, Directora del centro, me pidió que, como pedagoga y profesional del sector, revisara el horario semanal de actividades de los más pequeños y diera ideas para mejorarlo. Así lo hice, sobre todo aportando ideas de actividades de estimulación multisensorial.

Por la mañana la primera actividad era ayudar a dar los desayunos a los más pequeños les acompañaba a sus distintas aulas ya que éstos estaban distribuidos en aulas en función de su perfil y necesidad. Después de esto, participaba en las actividades que se desarrollaban en el aula de los niños más autónomos ayudando a los niños en actividades de lectoescritura y cálculo. A partir de la segunda semana empecé a ayudar también en cocina A las 11:30 llevaba la comida que habíamos cocinado al módulo de los niños, ayudaba a dando de comer.

El trabajo desarrollado en el centro, ha sido lo más interesante. Tienen todas las actividades programadas, adaptadas a las capacidades y necesidades de los niños. El personal es muy profesional, está bastante formado y cuentan con formación de reciclaje continua.

Me ha parecido muy importante e interesante el papel fundamental que se da en el centro a la Musicoterapia. Todos los días se hacen actividades relacionadas con la música y los jueves vienen voluntarios a hacer talleres de musicoterapia. La estimulación multisensorial también es muy importante con los más pequeños, que además son los más dependientes.
La relación con las Hermanas ha sido excepcional, hacen honor a su nombre Hospitalarias.
He aprendido mucho de ellas a nivel profesional, pero sobre todo a nivel humano me han ayudado a resolver todas y cada una de mis dudas o dificultades. Algo que me llama la atención, es que todo parece y resulta fácil con ellas.
La misma sensación y complicidad he tenido con los y las profesionales del centro y las voluntarias, entre las que he hecho nuevas y grandes amistades.

A nivel personal y profesional ha sido una experiencia muy enriquecedora, de crecimiento humano, de conocimiento de una realidad, en principio, muy alejada a la mía que me ha abierto la mente. Creo que este tipo de experiencias serían muy aconsejables para muchas personas, pero especialmente para todas aquellas que nos dedicamos o trabajamos con y para las personas.

FLOR

 Video: testimonio de las voluntarias en el Centro Psicosocial Mahotas, Monzambique 

Voluntariado en el Centro Psicosocial Mahotas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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