“Un retorno a la simplicidad más gratificante….. Es poner a prueba tu capacidad de asombro, tolerancia y comprensión”

Aquel que haya estado en Filipinas, sabrá que allí todo es más divertido. No sólo porque así lo afirme su particular lema turístico, sino por su gente, encarnación de la hospitalidad en un rincón de Asia abundante en contrastes. Allá donde se encuentran riqueza y pobreza, y la urbe más desarrollada confluye en una naturaleza pacífica a la vez que salvaje.

Cuesta creer que hayan sido sólo cinco meses. Más parece haber sido una vida plena disfrutada a cada instante. Un tiempo en el que esas ilusiones por ayudar y aprender se transforman en un viaje por uno mismo a través de la gente que te rodea. Es poner a prueba tu capacidad de asombro, tolerancia y comprensión. Un retorno a la simplicidad más gratificante, al contacto con la comunidad y al calor de las sonrisas. Y sobre todo adaptación, ante lo bueno y lo malo.

Durante la época de preparativos del viaje traté de no generarme demasiadas expectativas en cuanto al centro o las tareas que fuera a realizar allí para evitar el posible desencanto o la aparición de sentimientos de frustración al encontrarme con la nueva realidad. Tan sólo esperaba poder sentirme a gusto en el lugar y con las personas con las que fuera a trabajar allí, y eso me permitiera disfrutar de la experiencia.

Mis primeras impresiones sobre el Centro fueron bastante buenas, ya que pensaba que la atención y los medios serían muy precarios, pero quedé gratamente sorprendida. No obstante, cabe destacar que, lamentablemente, esto supone una excepción en cuanto al panorama general del trato a la salud mental en Filipinas. Me alegré de poder trabajar en la oficina de psicología porque pensaba que sería la función en la que más podía aportar, y fue muy enriquecedor aprender sobre los procedimientos que se empleaban y ayudar a los usuarios desde esta perspectiva.

A la hora de adaptarme no tuve muchas dificultades. La gente fue muy amable y eso facilitó la adquisición de confianza. Uno de mis temores antes de partir era si encontraría problemas con la comida, pero afortunadamente lo llevé bien desde el primer momento y llegué a apreciar mucho algunos de los platos y alimentos de la cocina filipina.

También resultó interesante el hecho de ser la única voluntaria durante la primera mitad de la experiencia. Antes de partir pensaba que, aunque cabía la posibilidad de estar sola, habría otros voluntarios conviviendo allí, y no fue hasta llegar allí cuando supe que no tendría más compañía que la propia. No me supuso absoluto inconveniente ya que de hecho pude disfrutar de una experiencia más inmersiva totalmente de la mano de gente local, y aquello fue increíble.
En cuanto al trato con la gente, he de decir que no esperaba encontrarme con personas tan amables y acogedoras como son las filipinas. Desde las Hermanas, pasando por los trabajadores del Centro, a los usuarios y la gente que encontré durante mis viajes, la sonrisa y la cercanía difuminaban las diferencias entre ambos mundos. Disfruté mucho hablando con todo el mundo, compartiendo experiencias y aprendiendo de ellos. Algunas charlas con las Hermanas y los enfermeros han sido de los mejores momentos de este viaje
Durante estos cinco meses colaboré principalmente en la oficina de psicología del centro junto a sister Lorenza, la psicóloga del mismo. Mis tareas se centraban en el área de evaluación, realizando entrevistas, administrando e interpretando test y redactando informes de los casos. Semanalmente se dedicaba un día a realizar actividades de psicología con los usuarios, las cuales yo preparé y dinamicé en varias ocasiones.

Por mucho que nos esforcemos, en estos casos suele ser más lo que se recibe que lo que puede llegarse a dar, y el mío no fue una excepción. Encontrar una realidad diferente y llegar a sentirte parte de ella gracias a las personas que conoces es una suerte incalculable, y es por ello que agradezco profundamente haber podido disfrutar de esta experiencia junto a ellas.

Espero poder volver algún día y reencontrar esas sonrisas, charlas y canciones que tanto recordaré lejos de allí.

Laura G.

cebu.Filipinas

 

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